Versión estenográfica de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo
PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¿Cómo están?
ASISTENTES: ¡Bien!
PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: Me da mucho gusto saludarles, estar de nuevo aquí en la alcaldía Gustavo A. Madero.
Gracias, Clara, por la recepción.
Gracias, Janecarlo.
Gracias a las autoridades de la Iglesia católica.
Gracias a todos los que…
ASISTENTES: ¡Es un honor estar con Claudia hoy! ¡Es un honor estar con Claudia hoy! ¡Es un honor estar con Claudia hoy!
PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: Muchas gracias.
Bueno, ¿qué nos junta el día de hoy aquí? Hoy es el Día Internacional de la Destrucción de Armas de Fuego y decidimos informar a ustedes, al pueblo de México, de la destrucción de armas que hacemos el día de hoy y todos los días del año.
Ya mencionó el General secretario:
Una parte es lo que se incauta en las operaciones del Ejército, de la Marina, de la Guardia Nacional, de la Secretaría de Seguridad o de las Policías estatales.
Y otra parte muy importante es la que hacemos con este programa que se llama “Sí al Desarme, Sí a la Paz”, que consiste en ir a los atrios de las iglesias, de la Iglesia católica, porque son espacios de confianza del pueblo de México, y ahí pedirle a la gente que entregue un arma, un arma que encontraron en su casa, a lo mejor una abuela sabe que alguien tiene guardada un arma y decide salvar la vida y entregarla, y a cambio se da dinero.
No se les pregunta: ¿dónde la encontraron?, si ¿se usó para algún delito?, no.
Es un espacio de confianza: se entrega el arma; a cambio, se da dinero.
Y también, a todos los juguetes bélicos —porque desde ahí empieza la violencia—, una pistola de juguete, por ejemplo, cambiarla por un juguete educativo. A eso le llamamos “Atención a las Causas”.
Imagínense, 11 mil armas han sido entregadas en año y medio a través de este programa.
Si pensamos que cada arma hubiera sido utilizada 2 veces, son 22 mil vidas. Y si lo sumamos con las que fueron incautadas, pues ya lo mencionó aquí el General, son 40 mil armas, que han permitido disminuir la violencia en México.
Yo les preparé un texto, se los voy a leer, conmemorando este día y reconociendo este día:
Nos encontramos reunidos en este lugar, profundamente simbólico para millones de mexicanas y mexicanos, el atrio de la Basílica de Guadalupe. Aquí, donde tantas personas vienen a encontrar esperanza, consuelo y fortaleza, hoy nos reunimos para hacer un llamado por el bien más grande que puede tener una nación: la paz, el desarme.
La paz se construye todos los días con justicia, con construcción de derechos, con educación, con valores, con comunidad y con la decisión colectiva de rechazar la violencia.
Por eso existe este programa “Sí al Desarme, Sí a la Paz”, porque cada arma que sale de la circulación representa una oportunidad más para salvar una vida, una familia que permanece unida, una niña o un niño que tiene alegría, una comunidad que recupera la tranquilidad.
Hoy queremos decirlo con toda claridad: ¡No a las armas, sí a la paz!
Nosotros construimos escuelas, espacios deportivos, publicamos libros, promovemos la cultura y el deporte, impulsamos los Programas de Bienestar, trabajamos para que haya empleos dignos y salarios cada vez más justos, porque queremos siempre que sobreviva la esperanza por encima del odio y la violencia.
Hay que recordar, o hay que poner en su lugar, de dónde vienen la mayor parte de las armas que entran a nuestro país, porque no se fabrican en México; la mayor parte de las armas vienen del país del norte, de los Estados Unidos, y cruzan ilegalmente nuestra frontera para sembrar violencia y arrebatar vidas en México.
Por eso, seguiremos insistiendo con firmeza y con respeto en la necesidad de detener el tráfico ilegal de armas. Así como México trabaja todos los días para evitar la llegada de drogas a nuestro vecino país, también es indispensable que se detenga el flujo de armas que alimenta la violencia.
75 por ciento de las armas que se han incautado o entregado en México provienen de los Estados Unidos.
La seguridad y la paz son responsabilidades compartidas. Por eso, también quiero aprovechar el día de hoy, un llamado a las familias mexicanas:
Vale la pena preguntarnos: ¿qué se gana al quitarle la vida a otra persona? Nada.
Nada devuelve a una madre o un padre el hijo que perdió. Nada borra el dolor de una familia. Nada justifica que una vida termine antes de tiempo.
Por eso, hoy queremos levantar una sola voz desde este lugar de esperanza: ¡Alto a las armas, alto al fuego!
Nada vale la vida de otra persona.
Nada vale tampoco poner en riesgo la propia vida.
Hacemos un llamado a todas las familias de México, a las madres y a los padres: abracen a sus hijas e hijos, escúchenlos, acompáñenlos, sepan con quién conviven, cuáles son sus preocupaciones, cuáles son sus sueños.
Ninguna política pública puede sustituir el amor, el cuidado y la presencia de la familia.
A las abuelas y a los abuelos, a las hermanas, a los tíos, a los hermanos: acerquémonos más unos a otros, promovamos el diálogo en nuestros hogares. Menos pantallas y más compañía. Compartamos tiempo juntos, cuidémonos entre todas y todos.
La construcción de la paz comienza en las familias.
Si en su hogar hay un arma, entréguenla, no esperen a que una tragedia les recuerde que nunca debió haber estado ahí.
Transformemos los instrumentos de muerte en oportunidades de vida.
Que ninguna niña o ningún niño crezca viendo un arma como algo normal. Que ningún joven crea que la violencia es el camino. Que ninguna familia tenga que vivir el dolor que deja una bala.
Cada arma destruida representa una vida que puede salvarse. Cada arma entregada significa una oportunidad más para la construcción de la paz. Cada arma que desaparece abre espacio para la confianza, la convivencia y la esperanza.
México tiene una profunda vocación de paz. Somos un pueblo solidario, generoso, trabajador y fraterno.
Nuestra historia nos ha enseñado que los momentos más difíciles siempre se superan cuando caminamos unidos y ponemos la vida en el centro de nuestras decisiones.
Desde este atrio, con el símbolo de la Virgen de Guadalupe, renovemos nuestro compromiso con la vida.
Que las que las armas callen para que hablen siempre las niñas y los niños. Que las armas callen, para que hablen las y los jóvenes.
Que el odio ceda al paso del amor. Que la violencia sea sustituida por la justicia. Que el miedo sea vencido siempre por la esperanza. Que los instrumentos de muerte, un arma, desaparezca para dar paso a una paz plena, una paz duradera y una paz con justicia para todas y para todos.
Porque la paz no es solamente la ausencia de violencia. La paz es una forma de vivir.
Y esa es la patria que juntas y juntos estamos construyendo: una patria con paz y una patria con justicia.
Muchas gracias.
¡Que viva México!
ASISTENTES: ¡Viva!
Versión Estenográfica